El Plasmador
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Todo lo que existía era blanco, absolutamente blanco. Ni tonos negros, ni tampoco malformaciones que hagan ver el entorno diferente. Era solamente un limbo muerto.

He vivido aquí desde el primer momento en el que los cuartos en dolor empezaban a existir. Un edor rancio, un sonido que taladraba los tímpanos, unas paredes amarillas. No estaba hecho para ser un sitio de pruebas, sino una absoluta habitación de tortura.

Demás lugares fueron manifestándose poco a poco, rellenando un vacío infinito, que siempre había estado allí. Cubría cada luz, conexión, superficie y vida que se hayara ahí dentro.

Eran espacios de forma abstracta. Lugares artísticos, capaces de cualquier cosa. No tienen aquella lógica que solamente llevan los consciuntes, sino, que se adaptan a una naturaleza propia del universo.

Aunque más allá del futuro y del fin haya una pared neblinosa, ello no impidió que exista algo más en este paraíso pálido. Los muros se sostendrán por mi consciencia, los suelos flotaran en mares rectos, y cada fuente lumínica vendrá de parte del abismo.






































Texto.

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