El oscuro. El parásito. El sufrido.
El Nivel Δ, es el oscuro. No se manifiesta en el inicio, sino que se adelanta al fin del todo. Un océano, maltratado, que ahora busca ser la fosa del dolor. Repele completamente el agua, y sólo está abastecido por un petróleo indescifrable. Nadie desea saber si es o no aquel combustible, puesto que sus propiedades no son iguales. Mueve el cuerpo a través del anochecer que se despliega por un vacío desconocido, y luego, lo deja varado a la suerte en una de sus tantas islas abandonadas. La luna no duerme, no descansa, no desmaya. Ella sólo vigila el arrecife muerto, que gime por luz verdadera, cuando no la hay en ningún borde. Se oscurece el reino. Brota la penumbra.
El oscuro. El parásito. El sufrido.
El Nivel Δ, es el parásito. Consume la carne putrefacta, saliendo al exterior para emitir señal de esperanza, aunque todos sepan que es falsa. No hay vida, ni tampoco alma. Lo único que queda en pie son vigas que sostienen el cielo lleno de plasma. Las pequeñas especies luminosas encuentran su refugio seguro a la par de seres sin ojos. El glotón encontró su gozo en la pereza, por ello se ha dormido, y nunca más se ha levantado. Las criaturas andan sobre él sin miedo, porque saben que seguro es, hasta que despierte de nuevo. Madera, hojas y asfalto. La naturaleza ya no resiste. Se deja llevar por decisiones tentadoras, poco a poco, sin saber que sucumbira por completo al final. Cuando los pájaros lloren. Nadie verá.
El oscuro. El parásito. El sufrido.


