Alejado de todo lo conocido por el hombre y también de lo documentado, existe una casa. Esta casa es la única que se encuentra en la visión de uno, la que mancha el paisaje seco. Claro, no está tan deshabitada como crees. Dentro ha vivido y vive por largas décadas el único hombre consciente de su entorno, pero al mismo tiempo incapaz de comprender su situación.
Te presento a Bob. Él es la única persona que ha podido traspasar las barreras anormales de la realidad, pero se siente a gusto cada vez que alguien lo visita de vez en cuando. Siempre cuenta de su soledad y también de su campo…
— ¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que bien, te invito a pasar. —
…Parece que has sido invitado.
Adelante, pasa, es mejor estár resguardado del cansador desierto que permanecer fuera y ser calcinado.
Al entrar notas un olor a canela mezclado con vainilla que extrañamente te cautiva, y sientes un aire fresco realmente relajante que hace un gran contraste con el exterior. El interior, en general, está en excelentes condiciones y muy bien ordenado pieza por pieza. Los colores, aunque no tan llamativos, si dan un sentimiento de nostalgia leve.
La casa, como muchas otras, contiene un baño, un dormitorio, una cocina y una sala de estár que se le presentan al invitado como obras artística en la arquitectura espléndida del lugar.

Él siempre sabe donde estás. Bienvenido a su purgatorio.


