Fin del Peón
Había una vez un peón como cualquier otro. Este mismo no tenía camino conocido, ya que su hogar se había vuelto su laberinto personal en cuestión de micro segundos. Su esperanza estaba apoyada únicamente en una agrupación de otros peones dedicados a proteger y ayudar a los de su especie. Aunque parecían valientes de la piel hacia afuera, en realidad, desde su psicología hacia el corazón temían a lo desconocido.
Ellos perdían el coraje muy rápidamente al ver la oscuridad, al sentir las paredes malditas respirandoles en la nuca, el estár en un ciclo continuo de estática letal, y al ver como cualquier artefacto del año 1920 los vigilaba.
Aquel peón era consciente de que la supervivencia en entornos inestables y hostiles es compleja. En sus sueños recordaba a su familia, a sus padres, a sus nietos y a su esposa. Desde ese entonces, luego del incidente, nunca los volvió a ver jamás. En su incoherente locura visualiza siluetas humanas que recuerdan al espléndido pasado que ha tenido. Uno con baches y tropiezos, pero sin ningún agotamiento, siendo él lo suficientemente intrépido como para poder afrontar la variedad de peligros al azar.


